Donde una puerta se cierra... 7 de tréboles

Esta última semana he tenido la suerte de visitar una de nuestras 15 ciudades patrimonio de la humanidad: Ávila.

Tras las murallas abulenses se esconden centenares de historias y leyendas; una de ellas, la que quiero contaros hoy.

Debemos trasladarnos al palacio de una de las familias nobles más destacadas: los Dávila; concretamente al de Pedro Dávila (como dato curioso: el único, de todos los palacios que quedan en pie, que es de propiedad privada).

Si vamos tranquilamente por el Paseo del Rastro, mirando el tramo de la muralla que corresponde al exterior del majestuoso palacio, veremos algo muy curioso: una puerta tapiada en plena muralla.

Esta puerta, también llamada poterna, fue mandada cerrar por motivos de seguridad: las 9 puertas de la ciudad quedaban selladas cada noche para evitar posibles invasiones, pero esa puerta estaba fuera del control del gobierno de Ávila.

Tras esta acción, Pedro solicitó abrir una poterna en la fachada del palacio (intramuros); pero también le denegaron la petición.

¿Cuál fue su solución? Abrir un enorme ventanal prácticamente a pie de calle, al cual le añadió una inscripción que todavía se conserva: “Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

¿Qué os parece la solución que tomó el bueno del señor Dávila? Pues sobre ello va el reto de esta semana: os invito a compartir una situación en la que se os haya cerrado una puerta (tanto del pasado, como actual) y, en el caso de saberlo, explicar qué otra habéis logrado abrir.
No os preocupéis si no habéis encontrado todavía esa otra puerta, ¡quizá alguien en Exedra tiene la llave!

Cómo podéis comprobar, sigo haciendo un guiño especial a la baraja; en este caso el 7 de tréboles va muy conectado con la temática de este reto. Y es que el 7 representa los obstáculos que surgen en el camino y los tréboles van ligados a lo profesional, el trabajo. Aunque sin duda ¡estáis invitados a compartir obstáculos de otra temática!

Tal y como hice en el reto anterior, comienzo yo:

Hace aproximadamente unos 10 meses un grupo de auténticos cracks me propuso un proyecto difícilmente rechazable. Una buena idea, con gente que sabía hacerla crecer y con una interesante inversión inicial (y muchos más factores con los que tampoco voy a hacerme pesado, os hacéis a la idea); pese a todo esto, nada dentro de mí hizo “click”.
Sin ser muy consciente de cómo sucedió, en la misma reunión en la que se me hizo la propuesta formal, rechacé la oferta. Estuve varios días flagelándome por ser tan impulsivo y planteándome si había sido la decisión correcta (en el fondo sabía que sí).

Unas semanas después, apareció una nueva oportunidad (ésta, conectada con algo por lo que llevaba luchando mucho tiempo), con un equipo increíble y con grandes posibilidades.

¿Casualidad? ¿Suerte? (odio este concepto, invita a sentarnos y esperar a que algo suceda) No sé exactamente cómo ni porqué llegó; no tuve que abrir una puerta como hizo Pedro Dávila, pero os aseguro que día a día me encargo de que siga abierta de par en par.